Fotografiando el eclipse solar anular desde un baluarte de Campeche
Hoy manejé de Mérida a Campeche para ver el eclipse solar anular del 14 de octubre de 2023. Un evento que llevaba meses esperando y que, además, me dio la excusa perfecta para reencontrarme con gente que tenía un buen rato sin ver.
El reencuentro
El punto de reunión fue un baluarte —de esos que rodean el centro histórico de Campeche, parte del cinturón amurallado de la ciudad— donde nos permitieron montar los telescopios para fotografiar el eclipse. Ahí me esperaban Manuel y Alfredo, amigos y compañeros del consejo de la sociedad astronómica a la que pertenecí hace años.
No éramos los únicos. El baluarte se llenó de astrofotógrafos con sus propios equipos listos para cazar el mismo evento. Se sentía esa mezcla rara y linda de comunidad que se arma cuando mucha gente está apuntando instrumentos distintos al mismo pedazo de cielo.

El equipo
Venía estrenando una Canon T8i y le tenía muchas ganas. Para el disco solar usamos un Meade ETX-90 con un filtro Thousand Oaks Glass 2+ montado al frente, que permite fotografiar la superficie sin arriesgar el sensor —ni los ojos—. Para los detalles en H-alfa (cromosfera, prominencias, los hilos de plasma sobre el limbo) montamos un Meade Coronado, que es lo más parecido que uno puede tener en casa a ver el sol como se ve en las imágenes de la NASA.

La combinación funcionó bien: el ETX-90 daba la silueta limpia del eclipse conforme la Luna avanzaba sobre el disco, y el Coronado le metía la textura, el detalle vivo, las erupciones en los bordes.

Lo que más disfruté
Llevaba un buen rato sin fotografiar el sol. Y, sobre todo, llevaba un buen rato sin asistir a un evento exclusivamente para hacer astrofotografía. No es lo mismo sacar el telescopio un rato desde el patio que organizar un viaje, coordinar con la gente, llegar temprano, alinear equipos y quedarse ahí hasta que termina el fenómeno. Es otra cosa.
Y encontrarme con Manuel y con Alfredo después de tanto tiempo, en ese contexto —entre cables, filtros, trípodes y el sol cayendo poco a poco detrás de la Luna— le sumó a la experiencia algo que no tiene que ver con la técnica.

Regresé a casa por la noche, cansado, con la memoria de la cámara llena y con algunas de las mejores fotografías solares que he tomado. Un muy buen día.
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.
Deja un comentario