Terminé mi RX-78-02 Gundam (un año después)
Hoy, después de casi un año, por fin terminé de armar mi HG 1/144 RX-78-02 Gundam (Gundam The Origin Ver.) de Bandai. Y digo "después de casi un año" porque la historia de este modelito merece contarse.
El comienzo… y el extravío
Lo empecé el año pasado en casa de mi suegro. Había armado solamente el torso —ese primer empujón típico de cualquier Gunpla, donde te emocionas, sacas el cortador, y de pronto ya tienes medio robot parado en la mesa— y ahí se quedó. Lo estaba armando en el comedor, así que en algún momento, cuando movieron cosas, el kit pasó a estar en algún lugar que ni yo ni nadie recordaba.
Durante meses no supe dónde había quedado. Hace unos días, hurgando, lo encontré en la alacena. Sobreviviente, con su instructivo, sus runners y todo. Lo único que no sobrevivió fue uno de los pies: en algún momento del traslado se perdió y nunca apareció.

La sesión de hoy
Hoy me senté con calma a terminar lo que faltaba: piernas, brazos, cabeza, manos, accesorios. Y me volvió a pasar lo que siempre me pasa con los Gunpla: el nivel de detalle me impresionó. En particular, dos piezas miniatura que aparecen en el instructivo casi como un detalle olvidable terminan siendo los propulsores abatibles que van detrás de las piernas.

Articulados. Funcionales. En un kit High Grade de escala 1/144. Bandai sigue siendo Bandai.

Como tiene bastantes articulaciones —cintura, hombros, codos, rodillas, tobillos, cuello, dedos— se puede poner en muchas poses. Tanto, que terminé sentándolo arriba de mi switch gigabit de 24 puertos que tengo en el escritorio, con las piernas colgando entre el cableado, como si estuviera vigilando la red. Después le puse el rifle bazooka y el sable de luz para una foto más en pose de combate.

Sobre el pie perdido
Sí, le falta un pie. No se nota tanto si lo paras con cuidado o si lo sientas. Tarde o temprano voy a buscar el repuesto —Bandai vende los runners individuales, o se consiguen en lotes de partes sueltas— pero por ahora, así, incompleto y todo, ya está armado. Y eso, después de un año en pausa y un viaje involuntario a la alacena, se siente como una victoria.
A veces los proyectos chiquitos también necesitan que uno los desentierre y los termine. Aunque les falte un pie.
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