Flor Tabasco 2026: si ya conoces al mago, ¿por qué te sorprendes del mismo truco?
El año pasado fui por primera vez a la elección de la Flor Tabasco y salí con más preguntas que respuestas. Este año vi más: vi la imposición de bandas, vi los carros alegóricos, vi a las embajadoras subirse a recorrer la ciudad como si fueran edecanes de tres pesos en su propio festejo. Y vi también lo de siempre: gente emocionándose con un truco que ya conocen.
Una teoría sobre el origen
Oficialmente, la elección de la "Flor más Bella de Tabasco" arrancó en 1953. Pero mientras leía sobre el certamen, no podía sacarme de la cabeza una sospecha incómoda: que esto no es tan moderno como suena. Mi teoría, sin pruebas duras pero con bastante intuición, es que hace unas cuantas décadas a la élite tabasqueña se le ocurrió institucionalizar lo que en otras épocas se hacía sin disimulo: pedirle a cada municipio que mandara a "la flor más bella" a la capital, para exhibirla durante una semana.
El detalle genial —porque hay que reconocerlo, fue genial— es que lo armaron de tal manera que las familias se sintieran honradas de mandar a su hija. Algo parecido a cuando en el México prehispánico se consideraba un privilegio ser sacrificada para el dios en turno: nadie te obliga, tú llegas voluntaria, sonriendo, con vestido nuevo. La diferencia es que aquí el cuchillo de obsidiana lo cambiaron por un jurado.
Cuando vi Los juegos del hambre siempre me pareció un horror la idea de que los distritos manden tributos a la capital para entretener al gobierno central. Investigando un poco, me di cuenta de que el certamen tabasqueño es bastante más viejo que la novela de Suzanne Collins. No me sorprendería que la inspiración haya viajado en sentido contrario.
El truco que todos conocen
Aquí es donde la cosa se pone rara. Pregúntale a cualquier tabasqueño y te lo dirá sin pestañear: la Flor "se compra". Siempre está arreglado. El que tiene más palancas, gana. Y aun así, cada año, las familias se emocionan, los municipios se vuelcan, la gente sufre, festeja, y —sobre todo— se enoja cuando su embajadora no pasa.
Ahí está la contradicción que no logro entender: si ya conoces al mago, ¿por qué te sorprendes del mismo truco?
El caso Emiliano Zapata
Este año la embajadora de Emiliano Zapata, Mariú, no pasó al top 10. Inmediatamente arrancó la narrativa política: que fue venganza, que fue Javier May Rodríguez, que se viene un choque entre Movimiento Ciudadano y Morena. Manuel Andrade Díaz subió a Facebook un "acuse de recibo del mensaje político enviado por Javier May al presidente de E. Zapata, Armin Marín de MC", advirtiendo "tiempos aciagos" entre los partidos.
Hasta el tío de la embajadora, Miguel Aurelio Cabrera Gutiérrez —Secretario de un Gobierno Municipal— publicó en Facebook una carta abierta a su sobrina. Empieza tierna: "Antes de ser Secretario de un Gobierno Municipal, soy tu tío. Soy el tío que te vio dar tus primeros pasos…". Luego viene el orgullo familiar: "Anoche brillaste Mariú. Hiciste vibrar a Emiliano Zapata y a todo Tabasco". Y al final, el remate político: "Se equivocaron al utilizarte para mandar un mensaje político, no deben nunca jugar con los sentimientos de ninguna jovencita. Lejos de ser una revancha política, quedaron muy mal parados. Se subieron al rin político en un certámen de belleza, que así debería de ser, de belleza. No se vale."
Es una carta sentida, sin duda. Pero hay algo curioso en su lógica: dice que el certamen "debería de ser, de belleza", como si reclamara que lo despolitizaran. Sin embargo el reclamo lo hace un Secretario de un Gobierno Municipal —es decir, un funcionario político— sobre un certamen donde compiten las representantes de los 17 ayuntamientos, todos ellos gobernados por partidos políticos. Si el certamen "debería ser de belleza", entonces ¿qué hacen los municipios decidiendo quién va? El argumento se muerde la cola.
Concedámosles el beneficio de la duda: tal vez sí fue venganza política. Probablemente lo fue. Pero entonces volvemos al principio: si ya sabíamos que el certamen es político, que está arreglado, que la corona se reparte con cálculo, ¿por qué la indignación? El mago hizo el truco que siempre hace.
La parte que me incomoda
Lo que más me llamó la atención fue la reacción de Mariú: se retiró antes de tiempo. Después de la elección quedan varios eventos, y ella decidió no presentarse. Los zapatenses dicen estar orgullosos, que les enseñó dignidad. Yo, francamente, vi otra cosa: vi a alguien que no supo perder.
Una buena perdedora se queda. Honra el trabajo de sus compañeras, aplaude a la ganadora, cumple los compromisos que firmó al aceptar la banda. La dignidad no se demuestra cuando ganas, se demuestra cuando pierdes. Y bajarse a media corrida, por mucho que se le envuelva en discurso de víctima política, es un berrinche con buena prensa.
A eso súmale otro detalle: ni el vestuario fue propio. Mariú copió, igual que casi todas, el truco de salir tapada con un trapo y dejarlo caer para revelar el vestido —exactamente lo que hizo la ganadora del año pasado. Ni siquiera en la forma de presentarse hubo originalidad.
El truco sigue funcionando
La Flor Tabasco lleva más de setenta años haciendo el mismo acto. Mismas bandas, mismos carros alegóricos, misma sospecha de arreglo, mismas familias indignadas cuando no gana la suya. El público aplaude, paga su mesa, se emociona, se enoja, y vuelve al año siguiente.
Yo me quedo con una sola convicción: el problema no es el mago. El problema es que seguimos comprando boleto.
Facebook me censuró por denunciar la invasión a nuestra embajada
Publiqué en Facebook un video frente a la embajada de Ecuador en CDMX denunciando la invasión a nuestra sede diplomática en Quito. A la maña...
Ecuador invadió nuestra embajada y a nadie le importó
Ecuador violó la Convención de Viena e invadió la embajada de México en Quito. Fui a la embajada ecuatoriana en CDMX a protestar y no había...
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.
Deja un comentario