Facebook me censuró por denunciar la invasión a nuestra embajada
El post que duró menos que el enojo
Horas después de haber estado parado frente a la Embajada de Ecuador en la Ciudad de México, subí a Facebook el video y una publicación describiendo lo que había visto. El texto era directo, sin adornos, escrito en el calor del momento:
"Un chingo de policías que en vez de estar cuidando a la ciudad, vienen a cuidar a nuestros enemigos... No estoy incitando a la violencia, estoy expresando mi repudio al uso de recursos públicos para proteger a quienes invadieron nuestro territorio. La autoridad debería entrar y arrestar a todos los representantes de nuestro enemigo. Porque eso es lo que es Ecuador: un enemigo."
Lo subí porque me parecía importante dejar constancia, porque quería que otros mexicanos lo vieran, y porque, francamente, pensé que alguien debía hacerlo.
Duró poco.
A la mañana siguiente, cuando abrí la aplicación, el post ya no estaba. En su lugar, un mensaje de Facebook que cualquiera que use la plataforma conoce de memoria: "Eliminamos tu contenido". ¿El motivo? "Parece que enviaste o compartiste algo que podría incitar a la violencia y generar riesgo de daño físico o suponer una amenaza directa a la seguridad pública. Tu contenido infringe nuestras Normas comunitarias sobre violencia e incitación."

Violencia e incitación. A un país que invadió nuestra embajada. Por pedir que la autoridad competente —no yo, no una turba— entrara y aplicara la ley.
Leamos despacio lo que escribí
Mi publicación dice textualmente dos cosas:
Que estoy expresando repudio al uso de recursos públicos —las famosas ocho patrullas— para proteger a quienes invadieron territorio mexicano.
Que la autoridad debería entrar y arrestar a los representantes del país agresor.
Nótese que no llamé a nadie a linchar a nadie. No convoqué a una turba. No di direcciones. No pedí que civiles tomaran la embajada. Pedí que el Estado mexicano ejerciera acciones legales contra representantes de un país que acababa de cometer una agresión documentada, denunciada por la propia Cancillería mexicana, llevada por México a la Corte Internacional de Justicia.
Eso es, literalmente, una posición jurídica defendible. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con ella —hay razones diplomáticas, estratégicas y de derecho internacional para no detener diplomáticos aunque el país agresor haya roto primero las reglas—, pero es una opinión política dentro del rango normal del debate público. No es un plan para cometer violencia. Es una propuesta para que el Estado haga cumplir la ley.
Si ese tipo de opinión cabe en la categoría "violencia e incitación", entonces cualquier post pidiendo medidas duras contra cualquier actor internacional cabe ahí. Y ya veremos en un minuto por qué, en la práctica, no es así.
La doble moral es el punto
Aquí es donde pierdo la paciencia.
Si yo hubiera subido exactamente el mismo video cambiando "Ecuador" por "Rusia" y "embajada de México en Quito" por "Ucrania", no sólo no me lo habrían tumbado: probablemente me lo habrían amplificado. Facebook habría puesto una banderita azul y amarilla abajo del post. Me habría sugerido un sticker. Me habría aparecido un banner de "apoya a Ucrania" junto al video.
Si hubiera pedido que "la autoridad internacional arreste a Putin", eso no sería "incitación a la violencia": eso sería awareness. Si hubiera pedido que "la OTAN entre y neutralice a los agresores", eso no sería un post removido: eso sería un trending topic.
Porque cuando la indignación coincide con la narrativa aprobada por Silicon Valley, la indignación es "solidaridad". Cuando no coincide, es "violencia e incitación".
Eso no es moderación de contenido. Eso es línea editorial. Y una línea editorial disfrazada de regla técnica neutral es, en mi opinión, peor que una línea editorial abierta. Al menos un periódico dice lo que piensa y lo firma. Facebook pretende ser infraestructura pública mientras se comporta como un editor con agenda geopolítica —agenda que, por cierto, casi siempre coincide con la del Departamento de Estado de Estados Unidos.
La diferencia entre condenar la invasión rusa a Ucrania y condenar la invasión ecuatoriana a una embajada mexicana no es una diferencia moral. Es una diferencia geopolítica. Y si tu plataforma aplica sus reglas según la geopolítica, entonces tus reglas no son reglas: son preferencias con UI bonita.
Lo que Facebook sí permite
Mientras mi publicación de un párrafo denunciando una agresión al Estado mexicano se consideraba demasiado peligrosa para la seguridad pública, Facebook sigue sirviendo, todos los días, a millones de usuarios:
Estafas financieras con caras de famosos robadas por IA.
Grupos dedicados a acoso coordinado contra usuarios específicos.
Propaganda de cárteles mexicanos con videos explícitos de reclutamiento.
Desinformación electoral reciclada de ciclo en ciclo.
Cuentas falsas a escala industrial, sobre todo en temporadas políticas.
Todo eso convive sin problema con el algoritmo. Pero un mexicano diciendo que Ecuador violó nuestra soberanía y que la autoridad debería actuar, eso sí, eso hay que tumbarlo de madrugada. Es una jerarquización de riesgos que no resiste treinta segundos de análisis serio.
Por eso tengo mi propio blog
Este post que estás leyendo está en mi blog, en mi dominio, en mi servidor, con mis reglas. No va a desaparecer porque un moderador en Manila haga clic en el botón equivocado. No va a ser despriorizado porque el algoritmo decidió que mi opinión no es brand-safe. No va a tener un fact-check pegado encima porque alguien en una ONG financiada por la misma red social decidió que mi indignación necesita contexto.
Si Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o TikTok desaparecen mañana, este texto va a seguir aquí. Si Meta cambia sus reglas otra vez, este texto va a seguir aquí. Si un trust & safety team en California decide que los mexicanos no tenemos derecho a gritar cuando nos invaden, este texto va a seguir aquí.
Eso es lo que significa ser dueño de tu plataforma.
El argumento de fondo: un derecho sin enforcement es un adorno
Hay una idea que me persigue desde hace años, y el episodio de hoy la confirma otra vez: si no controlas tu plataforma, no tienes libertad de expresión. Tienes, cuando mucho, el permiso condicional de una empresa privada para hablar dentro de ciertos límites que ella misma define, redefine y aplica de forma opaca.
Un derecho que no puedes ejercer no es un derecho. Es un adorno.
Un derecho que depende de que un moderador automatizado esté bien calibrado ese día no es un derecho. Es un favor.
Un derecho que cambia según si el país que invadió una embajada es "amigo" o "enemigo" del establishment tecnológico de California no es un derecho. Es una concesión revocable.
La libertad de expresión sin medios propios para ejercerla es teoría. Lo que hay en la práctica, para la mayoría de la gente, es una libertad de expresión delegada: delegada a Meta, a Alphabet, a ByteDance, a Elon Musk, a quien sea el dueño del turno. Y una libertad delegada, por definición, es revocable con un clic en la oficina de alguien que no sabe ni dónde queda Quito.
Lo que voy a hacer
Tres cosas:
Primero, voy a volver a publicar el video. Aquí, en mi blog, donde nadie me lo puede tumbar. Y lo voy a subir también a plataformas alternativas menos sujetas al capricho algorítmico.
Segundo, voy a apelar la decisión de Facebook. No porque espere que me hagan caso —no me van a hacer caso—, sino porque el registro importa. Cada apelación rechazada es evidencia pública del sesgo.
Tercero, y la más importante: voy a seguir escribiendo aquí, sin pedir permiso, sin adaptarme al tone que premia el algoritmo, sin esperar que un sistema automatizado decida cuáles de mis opiniones merecen existir.
Mensaje para quien lea esto y tenga algo que decir
Si tienes opiniones, escríbelas donde tú seas el dueño. Compra un dominio. Paga un hosting. Usa WordPress, Ghost, Hugo, lo que sea. Te va a costar menos que una suscripción de streaming al mes y te da algo que ninguna red social te puede dar: permanencia.
Las redes sociales son útiles para amplificar. No son útiles para archivar, ni para garantizar, ni para proteger. La distribución es suya; el contenido, si quieres que siga siendo tuyo, tiene que vivir en tu casa.
Hoy me censuraron por hablar de Ecuador. Mañana puede ser por cualquier otra cosa. Y el día que eso te pase a ti, vas a entender por qué vale la pena tener un rincón propio en internet.
Este es el mío.
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