Fase 1 — Colocación: cómo entra el dinero sucio al sistema financiero
La colocación es, literalmente, el momento en que el dinero "nace" como un problema de cumplimiento. Antes de colocarse, los recursos ilícitos están en manos del delincuente: típicamente en efectivo, a veces en bienes, pero siempre en un formato que no puede usarse libremente sin delatar su origen. La colocación es el acto por el cual ese dinero cruza la frontera entre la economía informal-criminal y el sistema financiero o la economía formal.
Es la fase más arriesgada para el lavador y, por lo mismo, la más fértil para la detección. Si un programa de PLD está bien diseñado, es aquí donde debería generarse el mayor volumen de señales de alerta con mayor valor predictivo. Este artículo desarrolla cómo ocurre la colocación, qué tipologías concretas debe conocer el oficial de cumplimiento y cómo el marco mexicano —LFPIORPI, UIF, CNBV— está orientado a esta fase.
El problema del efectivo
El efectivo es el habitat natural del dinero ilícito por tres razones: es anónimo en el punto de transacción, no deja rastro electrónico, y su posesión no requiere identificación. Pero también tiene tres debilidades que el lavador debe resolver: es voluminoso (un millón de pesos en billetes de 500 pesa cerca de 2.4 kg; en dólares de 20, mucho más), es vulnerable al robo y al deterioro, y no puede usarse directamente para pagar bienes de alto valor sin llamar la atención.
Por eso la colocación casi siempre implica convertir efectivo en valor digital o en un instrumento financiero: un depósito bancario, un giro, un cheque de caja, una transferencia internacional, una compra de bien asegurable. Cada una de estas conversiones deja un rastro documental —y ahí es donde entran los controles PLD.
Tipologías clásicas de colocación
1. Estructuración (structuring / smurfing)
Es la tipología arquetípica. El lavador fracciona grandes cantidades en depósitos o transacciones individuales por debajo del umbral que obliga a identificar al cliente o a reportar la operación. En México, el artículo 17 de la LFPIORPI establece umbrales específicos por actividad vulnerable (por ejemplo, 8,025 UMA para aviso en compraventa inmobiliaria, 3,210 UMA en vehículos). En banca, el artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito y las disposiciones de la CNBV establecen umbrales de reporte de operaciones en efectivo.
La estructuración puede ser operada por el propio lavador o por una red de "pitufos" (de ahí el término smurfing): múltiples personas físicas depositando cantidades pequeñas en distintas sucursales, a veces coordinadas mediante listas de cuentas.
Señales de alerta: depósitos repetidos justo por debajo del umbral, distribución geográfica anómala de las sucursales utilizadas, coincidencia de montos entre cuentas aparentemente no relacionadas, uso de múltiples personas para una misma cuenta destino.
2. Uso de prestanombres (nominees)
El lavador utiliza a un tercero —familiar, empleado, cómplice— para que las operaciones aparezcan a su nombre. Puede ir desde abrir cuentas bancarias hasta adquirir propiedades o constituir sociedades.
Señales de alerta: incongruencia entre el perfil del cliente y la operación (cuenta a nombre de un estudiante con movimientos millonarios), direcciones domiciliarias compartidas con otras cuentas de riesgo, patrón de operaciones controlado remotamente (siempre los mismos IPs, mismos dispositivos).
La figura del beneficiario controlador, reforzada en México por la Reforma Fiscal 2022 al Código Fiscal de la Federación (artículos 32-B Ter a 32-B Quinquies) y por el Anexo 16-A de las DGTRDO, busca precisamente penetrar este velo. Para el oficial de cumplimiento es una herramienta central.
3. Negocios intensivos en efectivo (cash-intensive businesses)
Algunos giros manejan naturalmente grandes volúmenes de efectivo: gasolineras, restaurantes, bares, estacionamientos, autolavados, casinos, taquerías, chatarrerías. El lavador adquiere o constituye uno de estos negocios y mezcla ingresos ilícitos con los legítimos, reportando ventas infladas para "justificar" los depósitos.
Señales de alerta: márgenes inconsistentes con la industria, depósitos en efectivo desproporcionados respecto a la capacidad operativa del negocio (un restaurante de 20 mesas que deposita lo de un restaurante de 200), ratios anómalos entre ingresos declarados y consumo de insumos.
4. Compra de instrumentos monetarios
Adquisición en efectivo de giros bancarios, cheques de caja, cheques de viajero o instrumentos prepagados. Transforma efectivo en un medio más manejable y transferible, y suele ser un paso previo a la estratificación.
5. Smuggling de efectivo transfronterizo
Físicamente mover efectivo a otra jurisdicción para colocarlo allá. En México es particularmente relevante por la frontera norte; la Ley Aduanera obliga a declarar internaciones y extracciones de efectivo superiores a 10,000 USD. La UIF y el SAT cruzan esta información para detectar patrones.
6. Uso de corresponsales y fintech
La incorporación de corresponsales bancarios, remesadoras no bancarias, fintech, wallets y entidades de fondos de pago electrónico amplió la superficie de colocación. La Ley Fintech (2018) y sus disposiciones secundarias incorporaron a estas entidades al régimen PLD, pero el riesgo operativo sigue siendo significativo por la velocidad y el volumen.
El marco mexicano: qué detecta cada capa
Para entender por qué la LFPIORPI tiene la estructura que tiene, ayuda verla como un sistema multicapa diseñado deliberadamente para atrapar la colocación:
Las entidades financieras (banca, casas de bolsa, casas de cambio, SOFOMES reguladas, fintech) reportan a la UIF a través de la CNBV bajo los artículos 115, 95-Bis y concordantes. Aquí se capturan los depósitos, transferencias y operaciones bancarias en efectivo.
Los sujetos obligados no financieros de la LFPIORPI —notarios, corredores, inmobiliarias, joyeros, casas de empeño, blindadoras, concesionarias automotrices, casinos, prestadores de servicios profesionales vulnerables— reportan avisos por sus actividades vulnerables específicas, capturando la colocación fuera del sistema bancario.
El SAT, a través del Anexo 24, la información de CFDI y la figura de beneficiario controlador, añade una capa fiscal que permite cruzar operaciones aparentemente formales con inconsistencias patrimoniales.
La UIF concentra, analiza y, cuando procede, denuncia. Su potestad de bloqueo de cuentas (artículo 115 de la LIC y reglas de la Lista de Personas Bloqueadas) es una herramienta de acción rápida cuando se detecta colocación.
Implicaciones operativas para compliance
Para un programa PLD robusto, la fase de colocación impone al menos cuatro responsabilidades concretas:
En primer lugar, parametrización inteligente de umbrales. Configurar alertas solo en el umbral legal deja pasar toda la estructuración por debajo. Las reglas deben contemplar patrones acumulativos (múltiples operaciones del mismo cliente en ventanas de 24, 48, 72 horas) y patrones de red (operaciones entre cuentas vinculadas).
En segundo lugar, conocimiento real del cliente (KYC dinámico). El expediente inicial no basta: el perfil transaccional esperado debe actualizarse y compararse periódicamente con la operativa real. Una desviación sostenida del perfil es, por sí sola, una señal de alerta.
En tercer lugar, due diligence reforzada para negocios intensivos en efectivo. No se trata solo de identificar al cliente, sino de tener elementos razonables sobre la proporcionalidad económica del efectivo que maneja.
En cuarto lugar, análisis del beneficiario controlador con criterio sustantivo. Identificar al dueño formal no es suficiente; se requiere entender quién tiene control efectivo sobre los recursos.
El límite de la colocación
Si el programa PLD falla en la fase de colocación, el dinero queda dentro del sistema, pero ya revuelto con operaciones legítimas. A partir de ese punto, la detección requiere análisis de patrones más sofisticado —porque ya estamos en estratificación, el tema del siguiente artículo de la serie.
El mensaje operativo es claro: la colocación es la oportunidad dorada de detección. Un peso no detectado aquí es un peso que el sistema tendrá que rastrear durante años en capas cada vez más opacas. Invertir en controles finos de esta fase —reglas acumulativas, perfilamiento dinámico, supervisión de efectivo— tiene el mayor retorno marginal de cualquier programa de PLD.
Deep fakes no son el problema: la amenaza real al KYC en México son los acarreados
La industria está obsesionada con los deep fakes, pero en México la amenaza real al KYC no requiere inteligencia artificial — solo un camión...
Por qué los filtros de palabras clave en transferencias bancarias ya no son suficientes
Los filtros de palabras clave en transferencias bancarias llevan años siendo la primera línea de defensa contra el lavado de dinero. El prob...
Fase 3 — Integración: cuando el dinero lavado se vuelve riqueza legítima
La integración es el objetivo final del lavador: que el dinero reaparezca como patrimonio legítimo, listo para invertirse, gastarse o declar...
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.
Deja un comentario