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Costa Rica: el viaje que me hizo agradecer haber elegido Yucatán

Costa Rica: el viaje que me hizo agradecer haber elegido Yucatán
Costa Rica: el viaje que me hizo agradecer haber elegido Yucatán

Voy a ser directo: mi viaje a Costa Rica fue un fiasco. Lo escribo no para amargarle el día a nadie, sino porque me cansé de escuchar que es "el paraíso de Centroamérica" y nadie te cuenta la otra cara. Aquí va, sin filtro.

Yo vivo en Mérida por elección

Antes de hablar de Costa Rica, déjame poner contexto. Yo soy de la Ciudad de México, pero elegí irme a vivir a Mérida. Y desde aquí, en treinta minutos, puedo estar en un cenote, en plena selva, frente al mar, dentro de un centro comercial moderno, o sentado en uno de los mil restaurantes buenos que tenemos. Treinta minutos. Esa es mi vara para medir. No es capricho: es lo que ya conozco como normal.

Con esa vara llegué a Costa Rica esperando algo, mínimo, parecido. Y lo que me encontré fue un país que sentí atascado en los ochenta.

San José me pareció horrible

No hay otra forma de decirlo. San José se me hizo una ciudad vieja, con tráfico, sin infraestructura. Me recordó cómo se veía Veracruz en los años ochenta. Todo gris, todo desgastado, todo lento. En ningún momento del viaje vi una autopista decente ni un periférico que te moviera de un punto a otro como Dios manda. Todo se siente pueblo, y no en el sentido bonito y tranquilo, sino en el sentido de que no terminó de construirse.

Lo más bonito fueron dos horas de calles

Lo más lindo que vi en todo el viaje fue la finca de café de Starbucks. De verdad, valió la pena. Pero llegar fueron dos horas metido entre callecitas, vuelta tras vuelta, sin una sola vía rápida. Dos horas para llegar a lo único que de verdad me gustó. Cuando lo mejor de tu viaje está enterrado detrás de ese trayecto, algo no cuadra.

La comida: frijol con arroz

Aquí no me voy a andar con rodeos. La comida me pareció floja. Su platillo tradicional, el famoso gallo pinto, es frijol con arroz. Ya. Eso es. Y yo vengo de una tierra donde la comida es un evento: cochinita, salbutes, panuchos, sopa de lima, papadzules, relleno negro. Comparar eso con frijol con arroz no es comparar, es otra liga.

Punta Leona y la cena fantasma

Llegamos a un lugar llamado Punta Leona como a las once de la noche. Y a esa hora no había dónde conseguir ni una Coca. Ni una tienda, ni una máquina de autoservicio, nada. Salí a caminar a ver si encontraba algo y regresé con las manos vacías. Algo tan básico como una bebida fría a media noche, imposible. En cualquier punto de Yucatán eso lo resuelves en lo que tardas en cruzar la calle.

La fauna que tanto presumen

Te venden Costa Rica como una explosión de naturaleza y vida salvaje. Yo vi un zorrillo. Y vi cuatro guacamayas, sí, pero las cuatro en el mismo árbol, dentro del hotel, justo donde tienen una estatua de guacamaya. Como si las pusieran ahí de adorno. No las sentí libres. Las sentí domesticadas, casi de utilería.

Y mira, esto me pegó por algo personal: mi abuelito, en Agua Dulce, tenía una guacamaya que andaba libre en el palo de mango. Libre de verdad. Así que cuando me presumen "fauna salvaje" y lo que veo son guacamayas amaestradas alrededor de una estatua, perdón, pero no me la creo.

Mi conclusión, sin adornos

Si están pensando en viajar a Costa Rica: no lo hagan. Mejor vénganse a Mérida. Aquí tienen todo en serio: playa, cenotes, selva, infraestructura, centros comerciales, restaurantes y comida riquísima. Todo junto, todo cerca, todo funcionando.

Este viaje me dejó una cosa clara, y la digo con el pecho: estoy agradecido de ser mexicano. No pienso volver a viajar a un país de clima tropical, porque ya tengo el trópico aquí, y lo tengo infinitamente mejor. De ahora en adelante mis viajes serán a países de clima frío, que es lo único que Yucatán no me puede dar.

Costa Rica, gracias por el café. Por lo demás, me quedo en casa.

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